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Drive

En los últimos años se viene percibiendo, y agradecemos, la llegada de un cine independiente muy consistente, de gran calidad y que, a diferencia del que se podía producir en décadas anteriores, no sólo cuenta con profesionales de primera línea entre sus filas, sino que también presenta una calidad y una apariencia visual que nada tiene que envidiar a producciones de alto presupuesto.

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Una de estas películas es Drive (2011). Dirigida por Nicolas Winding Refn, y protagonizada por un elenco de actores de tanta calidad como Ryan Gosling, Carey Mulligan, Oscar Isaac, Bryan Cranston o Christina Hendricks, por nombrar algunos, Drive se ha convertido en poco tiempo como uno de esos títulos de referencia y de culto del cine actual.

El director danés ya tiene una filmografía bastante extensa para su edad, pero parece que ha sido en los últimos años, con títulos como éste, Bronson o Sólo Dios perdona cuando ha conseguido asentarse entre los directores a tener en cuenta. Sus películas siempre cuentan con algo interesante, tanto en el tema argumental como en el visual, y, además, consiguen el respaldo de un público más interesado por los asuntos artísticos que por los comerciales, sin dejar de lado el necesario entretenimiento que siempre esperamos de un film.

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Puede que Drive haya sido su película más redonda hasta la fecha. Sin duda, una trama centrada en un joven mecánico que tiene una doble vida como conductor clandestino por la noche, ya promete. Y, aunque no es especialmente novedosa, las posibilidades que tiene se ven aquí bien exprimidas con una compensada combinación entre acción, tensión, drama y, cómo no, coches, todo ello bajo un clima sobrio y sombrío, muy intenso, de ésos que, de una manera adecuada, no sólo le dan ese toque actual a este tipo de películas, sino que también ayudan a que funcione y nos meta de lleno en la historia.

Lo más atractivo de Drive, y no nos queremos referir a su físico, es el personaje de Ryan Gosling, tan sobrio y sombrío como la película, como debe ser, ya que él es el conductor, y no sólo del coche, sino de la historia en general. Porque su historia, tanto la que está viviendo como en la que se mete, es un cúmulo de problemas en potencia que, de alguna manera, sentimos con una calma tensa, por la confianza que transmite, pero con la inquietud que proporciona el aumento continuo de líos en los que se va metiendo.

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Pero no es el único que actúa, ni mucho menos, y prácticamente todos los personajes que van pasando por la pantalla están interpretados por actores de primera línea, como ya hemos enumerado antes, y que, literalmente, lo bordan gracias también a una dirección que se centra mucho en unas actuaciones crudas y puras, muy acordes al conjunto de la obra.

Obviamente, Drive no iba a ser una película con gran presencia ni importancia para los miembros de la Academia, y sólo recibió una nominación por los efectos sonoros. Pero, haciendo justicia a su calidad, sí que estuvo mucho mejor considerada en otros festivales y premios, llegando incluso a llevarse el premio a mejor director en el Festival de Cannes.

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